Rumanía · 27.10.2026

Qué ver en Bucarest (Rumanía): 16 imprescindibles, precios y dónde dormir

Aktualizováno 27.10.2026

Bucarest no tiene buena fama. Hay encuestas que la sitúan entre las capitales más feas de Europa, mucha gente solo la conoce por el aeropuerto donde se aterriza antes de seguir hacia las montañas o el mar Negro, y la primera impresión desde el taxi, con kilómetros de bloques grises, no ayuda nada. Pero basta con quedarse un par de días para descubrir una de las ciudades más interesantes de los Balcanes. Un monasterio ortodoxo de 1724 escondido entre bares, una librería dentro de un antiguo banco, palacios modernistas de la época en que la llamaban «el pequeño París» y, a unas calles, el segundo edificio administrativo más grande del mundo, para el que un dictador arrasó una quinta parte del centro histórico. Si te preguntas qué ver en Bucarest, la respuesta es justo eso: una ciudad de contrastes en el sentido más literal, y por eso nos gusta tanto.

En esta guía tienes 16 imprescindibles ordenados por zonas, cómo visitar el Palacio del Parlamento (hay que reservar por teléfono), cómo ir del aeropuerto al centro, cuánto cuesta todo en lei y en euros, en qué barrio dormir y qué excursiones hacer. Si quieres ver el resto del país, de Transilvania al delta del Danubio, te lo contamos en qué ver en Rumanía.

Calle del centro de Bucarest, capital de Rumanía

Qué ver en Bucarest: lo esencial

  • La capital de Rumanía tiene 1,7 millones de habitantes (censo de 2021) y está en el sur del país, en plena llanura a orillas del río Dâmbovița, a unos 60 km del Danubio y de la frontera búlgara. Se paga en lei (RON); 1 leu equivale aproximadamente a 0,20 €.
  • Desde España hay vuelos directos a Bucarest desde Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga, Alicante, Sevilla y otras ciudades. En coche son más de 2.600 km desde Barcelona, así que casi todo el mundo llega en avión.
  • Del aeropuerto al centro va el autobús 100, que funciona las 24 horas y cuesta 3 lei (unos 0,60 €, pagando con tarjeta a bordo), o el tren hasta Gara de Nord, en unos 20 minutos.
  • El Palacio del Parlamento se reserva por teléfono con al menos 24 horas de antelación. La entrada cuesta 85 lei (unos 17 €) y sin el pasaporte o el DNI original no te dejan pasar.
  • Casi todos los museos cierran los lunes, y el Museo Nacional de Arte y el Museo del Campesino Rumano también los martes.
  • Gratis: el casco antiguo de Lipscani, Stavropoleos, la librería Cărturești Carusel, la Calea Victoriei, la plaza de la Revolución y los parques Cișmigiu y Herăstrău.
  • Con dos o tres días basta; el tercero puedes dedicarlo a Snagov y Mogoșoaia, a las termas de Therme o a ir en tren al castillo de Peleș.

Cómo llegar a Bucarest desde España

En avión

Es, de lejos, la opción lógica. El aeropuerto principal es el Henri Coandă (código OTP), al que todo el mundo llama Otopeni por el municipio donde está. Hay vuelos directos desde Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga, Alicante y Sevilla, y en algunas temporadas desde otras ciudades; las rutas las operan sobre todo aerolíneas de bajo coste y cambian con cada temporada, así que mira qué compañías vuelan y cuántas veces por semana justo antes de comprar el billete. Ten en cuenta que Rumanía va una hora por delante de España.

El pequeño aeropuerto de Băneasa, al norte de la ciudad, se usa hoy sobre todo para vuelos privados; los vuelos regulares desde España no aterrizan allí.

En tren

Desde España no tiene sentido como forma práctica de llegar, pero si haces un gran viaje por Europa en tren (por ejemplo con Interrail), la puerta de entrada es Budapest. Desde allí sale hacia Bucarest el tren nocturno Dacia (que empieza en Viena) y hay más conexiones nocturnas vía Brașov. De Budapest a Bucarest cuenta con 14 o 15 horas; la reserva de plaza es obligatoria y puedes elegir litera o coche cama. Los horarios cambian cada diciembre, así que consulta las conexiones actuales en los ferrocarriles húngaros MÁV o en los rumanos CFR Călători. Es lento, pero si vas a pasar dos semanas en Rumanía, puedes llegar a Bucarest y salir del país, por ejemplo, desde Brașov.

En coche

Según el planificador de rutas OSRM, de Barcelona a Bucarest hay unos 2.600 km y de Madrid más de 3.100, es decir, unas 29 y 35 horas al volante (tres días largos de viaje) cruzando media Europa, con sus peajes y viñetas. En Rumanía necesitarás además la rovinietă (desde el 1 de octubre de 2026, para un coche con norma Euro 6, 30 lei por 10 días, unos 6 €). Lo más habitual es volar y alquilar un coche allí si quieres recorrer el país. Y por Bucarest en sí no conduciríamos: el tráfico es denso, aparcar en el centro es complicado y a todas partes se llega en metro. Si tienes coche, busca un alojamiento con aparcamiento y déjalo allí.

Del aeropuerto al centro y cómo moverse por Bucarest

El aeropuerto de Otopeni está a unos 17 kilómetros al norte del centro. Tienes tres maneras razonables de llegar.

Autobús 100. Es la línea exprés que sustituyó a la antigua 783 y funciona las 24 horas: cada 15 minutos de día y cada 30 de noche. Pasa por Piața Victoriei y Universitate hasta Piața Unirii, y al centro tardarás unos 45 minutos según el tráfico. Vale el billete urbano normal de 3 lei (unos 0,60 €) y lo más fácil es acercar la tarjeta bancaria directamente al validador del autobús. Ojo: por las obras del aeropuerto, desde abril de 2026 los autobuses no paran en llegadas, sino en la parada junto a la terminal de salidas, que ahora se llama Aeroport Henri Coandă.

Tren hasta la estación de Gara de Nord. Sale de la estación del aeropuerto más o menos cada 40 minutos, también de noche, y el trayecto dura unos 20 minutos. Lo operan dos compañías (CFR Călători y Transferoviar) con precios distintos; en 2026 el billete costaba aproximadamente entre 6,50 y 11 lei (entre 1,30 y 2,20 €). Se compra antes en la máquina o en la taquilla, no dentro del tren. Desde Gara de Nord sigues en metro.

Taxi, Bolt o Uber. En Bucarest funcionan las dos aplicaciones y un trayecto entre el centro y el aeropuerto sale por unos 60 a 100 lei (12 a 20 €) según el tráfico, en hora punta algo más. Si prefieres un taxi clásico, pídelo en la pantalla táctil de la sala de llegadas, que te da un tique con el número del coche. A los taxistas que te abordan en la salida, di que no.

El metro al aeropuerto (línea M6) está en construcción, pero en 2026 todavía no funciona.

Metro, tranvías y autobuses

Bucarest tiene un metro de cinco líneas que cubre casi todo lo que un turista necesita: Piața Unirii (casco antiguo), Universitate, Izvor (Palacio del Parlamento), Piața Romană, Piața Victoriei, Aviatorilor (Herăstrău, Arco del Triunfo) y Gara de Nord. El transporte en superficie (tranvías, trolebuses y autobuses) lo gestiona la empresa municipal STB y el metro, otra empresa distinta, Metrorex, así que los billetes también van por separado.

  • Metro: un viaje 5 lei, billete de un día 12 lei y de 72 horas 35 lei (aproximadamente 1, 2,40 y 7 €, tarifas de Metrorex vigentes desde enero de 2025). En primavera de 2026 se publicó una subida del viaje sencillo a 7 lei, pero el Ministerio de Transportes la retiró en junio. En el torniquete basta con acercar la tarjeta o el móvil; para pagar por otra persona pulsas «+» y vuelves a acercarla.
  • Tranvías y autobuses de STB: billete de 90 minutos 3 lei, de 24 horas 8 lei y de 72 horas 20 lei. Acercas la tarjeta al validador del vehículo; también puedes usar la aplicación 24Pay.
  • Billete combinado de metro y STB: 24 horas por 18 lei y 72 horas por 49 lei (unos 3,60 y 9,80 €, tarifas de STB). Compensa si vas a moverte mucho.

Para dos días en la ciudad nosotros no compraríamos nada por adelantado y pagaríamos cada viaje con tarjeta. El centro entre el Palacio del Parlamento, el casco antiguo y el Ateneo se recorre perfectamente a pie.

Qué ver en Bucarest: 16 imprescindibles

Los hemos ordenado más o menos según su ubicación: del Palacio del Parlamento al casco antiguo, luego por la Calea Victoriei hacia el norte, hasta los parques y el Arco del Triunfo. El primer día se puede hacer a pie (del 1 al 10); para el norte (del 11 al 15) ya tendrás que coger el metro. Un detalle importante: la mayoría de los museos de Bucarest cierran los lunes, y algunos también los martes.

1. Palacio del Parlamento

La Casa del Pueblo, como se llamaba en tiempos de Ceaușescu, es el segundo edificio administrativo más grande del mundo después del Pentágono y, según el Libro Guinness, el edificio más pesado del planeta. Tiene más de 1.100 salas, 12 plantas sobre el suelo, 8 subterráneas y una superficie de unos 330.000 m². Las obras empezaron en 1984 con el proyecto de una arquitecta que entonces tenía 28 años, Anca Petrescu, y cuando Ceaușescu murió en 1989 aún no estaba terminado. Para levantarlo desapareció gran parte del barrio de la colina Dealul Spirii, con sus iglesias, monasterios y miles de casas. Hoy alberga las dos cámaras del Parlamento, un centro de congresos y el Museo Nacional de Arte Contemporáneo (MNAC).

Por dentro es un desfile de mármol rumano, lámparas de cristal y alfombras tejidas a medida para cada sala. La visita recorre varios salones de representación y pasillos y normalmente sale también al balcón con vistas al Bulevardul Unirii. Aun así, solo verás una mínima parte del edificio. Para nosotros lo que más impresiona es la escala: pasillos por los que cabría un autobús y saber que todo esto se construyó mientras la gente hacía cola para comprar pan.

Cómo hacer la visita en 2026 (según el centro de visitantes del Parlamento):

  • Hay que reservar. Para grupos de 1 a 9 personas, por teléfono con al menos 24 horas de antelación en el +40 733 558 102 o el +40 733 558 103 (de 9 a 16 h); grupos de 10 o más, por correo electrónico con al menos tres días de antelación. Oficialmente no hay reserva ni venta de entradas online: lo que encuentres por internet son intermediarios con recargo.
  • Entrada de la visita estándar: adultos 85 lei (unos 17 €), estudiantes de 19 a 26 años 55 lei, niños de 7 a 18 años 40 lei, menores de 6 gratis. Se paga allí.
  • Horario: todos los días de 9 a 17 h; cerrado en festivos nacionales y cuando hay actos del Parlamento.
  • Lleva el pasaporte o el DNI original; el carné de conducir no sirve. Llega al menos 15 minutos antes: hay un control de seguridad como en un aeropuerto y no puedes entrar con líquidos.
  • La entrada de visitantes está en la calle lateral Izvor (Str. Izvor 2–4), no en la plaza de la fachada principal. La parada de metro más cercana es Izvor.

Palacio del Parlamento en Bucarest, Rumanía

2. Bulevardul Unirii y las fuentes de la plaza Unirii

Desde el balcón del palacio se ve en línea recta el Bulevardul Unirii, el bulevar que Ceaușescu mandó construir un poco más largo y más ancho que los Campos Elíseos de París. Lo flanquean bloques de pisos de lujo para los cargos del partido, con las mismas fachadas que el palacio, y por el centro corre una franja de fuentes hasta la plaza Piața Unirii. Es el mejor sitio para entender qué fue el Centro Cívico: no un edificio, sino un barrio entero construido como decorado.

Las fuentes de Piața Unirii tienen un espectáculo musical nocturno (Simfonia Apei), aunque en 2026 solo funcionó hasta finales de junio. Desde el 30 de junio están apagadas por la reparación de la estructura que hay bajo la plaza y no se espera que vuelvan antes de 2027. Nosotros recorreríamos el bulevar entero al menos una vez, mejor al atardecer, cuando el palacio se ilumina al fondo.

3. Casco antiguo de Lipscani

El centro histórico, entre el río Dâmbovița y el bulevar Regina Elisabeta, es lo que queda en pie, de una pieza, del Bucarest anterior a Ceaușescu. Las calles llevan el nombre de los gremios y comerciantes que se instalaron en ellas: Lipscani por los mercaderes que traían género de Leipzig, Șelari por los guarnicioneros, Covaci por los herreros. Hace veinte años aquí había casas desconchadas; hoy es una zona peatonal con un restaurante pegado a otro que de día parece cualquier centro turístico y de noche, un enorme bar.

En el barrio viejo está también Hanul lui Manuc, una antigua posada de 1808 con galerías de madera alrededor del patio, y la cervecería más famosa de Bucarest, Caru’ cu Bere, de finales del siglo XIX, con un interior neogótico donde a menudo toca esperar mesa. A pocos pasos de Stavropoleos tienes además el Museo Nacional de Historia de Rumanía y, enfrente, el palacio del banco CEC con su cúpula de cristal.

💡 ¿Vas a pagar con tarjeta en el casco antiguo? Mira la pantalla del datáfono antes de acercar la tarjeta. El Ministerio de Exteriores checo advierte de que en algunos bares y clubes del centro histórico de Bucarest el personal teclea un importe muchas veces superior a la cuenta.

4. Antigua Corte Principesca (Curtea Veche)

Es el rincón más antiguo de Bucarest. De la residencia de los príncipes de Valaquia, donde Vlad III el Empalador firmó en 1459 el documento en el que se menciona la ciudad por primera vez, quedan sobre todo cimientos, sótanos y un busto del propio Vlad con el que se fotografía todo el que pasa. Al lado está la iglesia Biserica Curtea Veche (de San Antonio), de 1559, la más antigua que se conserva en la ciudad. Eso sí, el museo del recinto está cerrado desde noviembre de 2015 y en 2026 apenas se preparaban las obras de consolidación, así que las ruinas solo se ven desde fuera, a través de la valla. La iglesia está abierta para los fieles. Para los fans de Drácula, creemos que este lugar es más auténtico que el castillo de Bran, del que hablamos en nuestro artículo sobre el castillo de Drácula.

5. Monasterio de Stavropoleos

Si tuviéramos que enseñarte un solo lugar de Bucarest, sería este. La pequeña iglesia la construyó en 1724 un monje griego, Ioanichie, y es un ejemplo típico del estilo brâncovenesc, una mezcla valaca de Renacimiento y elementos bizantinos y orientales: columnas de piedra con zarcillos tallados, arcos que parecen de Estambul y una fachada cubierta de frescos de santos. En el patio de detrás hay un lapidario con cruces de piedra y fragmentos de frescos rescatados de las iglesias derribadas en tiempos de Ceaușescu. El monasterio tiene su propio coro bizantino y una biblioteca.

Es un monasterio en activo, así que guarda silencio y no hagas fotos durante los oficios. Está justo en medio de la parte más animada del casco antiguo, y ese contraste es precisamente lo que lo hace especial.

Pórtico del monasterio de Stavropoleos en Bucarest con columnas de piedra talladas, arcos y frescos de santos en la fachada
Pórtico de la iglesia de Stavropoleos: columnas de piedra con zarcillos tallados y frescos de santos en medallones, puro estilo brâncovenesc. Foto: Goldmund100, Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0

6. Librería Cărturești Carusel

Un atrio blanco de varias plantas, escaleras de caracol, columnas y balcones con barandillas de forja. El edificio de la calle Lipscani 55 lo levantó a finales del siglo XIX la familia de banqueros Chrissoveloni; los comunistas lo nacionalizaron y lo convirtieron en unos grandes almacenes, y tras la revolución se fue deteriorando. En 2015, ya restaurado, la cadena Cărturești lo reabrió como librería y desde entonces es uno de los lugares más fotografiados de la ciudad. Además de libros (parte en inglés) hay papelería, vinilos, regalos de diseñadores rumanos y, arriba del todo, una cafetería.

Abre a las diez de la mañana y cierra tarde por la noche. Si quieres la foto sin gente, ven a primera hora; si buscas ambiente, sube por la tarde a tomar un café a la última planta.

Atrio blanco de la librería Cărturești Carusel en Bucarest con columnas, balcones y escalera de caracol lleno de visitantes
Atrio de la librería Cărturești Carusel, en la calle Lipscani. Foto: Mihai Petre, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

7. Calea Victoriei y sus pasajes

La avenida más antigua y elegante de Bucarest sube desde el río hacia el norte durante casi tres kilómetros y reúne la mayor parte de lo que le valió el apodo de «pequeño París». En el extremo sur están el Palacio CEC (1900) y el Museo Nacional de Historia de Rumanía, en el antiguo Palacio de Correos, con una copia de la Columna de Trajano y el tesoro real rumano. Más al norte, el Palacio del Círculo Militar Nacional, el teatro Odeon, el antiguo Palacio Real, el Ateneo y el Palacio Cantacuzino, con el museo George Enescu.

Entre la Calea Victoriei y el casco antiguo merece la pena cruzar dos pasajes. El Pasajul Macca-Vilacrosse, de mediados del siglo XIX, tiene forma de herradura, techo de cristal y un café con cachimbas tras otro. El Pasajul Victoria es un callejón estrecho del que en verano cuelgan paraguas de colores; seguramente es la imagen de Bucarest que más se repite en Instagram. Los paraguas solo suelen estar en la época cálida del año.

8. Plaza de la Revolución

En la Piața Revoluției, el 21 de diciembre de 1989, el último discurso de Ceaușescu desde el balcón del Comité Central del Partido Comunista terminó entre abucheos, y al día siguiente el dictador huyó en helicóptero desde la azotea del mismo edificio. El balcón sigue ahí; hoy el edificio lo ocupa el Ministerio del Interior. Enfrente está el Memorial del Renacimiento, una pirámide blanca con una «patata» clavada en la punta a la que los bucarestinos llaman sin más la patata en el palillo. Alrededor de la plaza se encuentran la Biblioteca Central Universitaria con la estatua ecuestre del rey Carol I, la pequeña iglesia de ladrillo Kretzulescu, de 1722, y el antiguo Palacio Real.

En el Palacio Real está el Museo Nacional de Arte de Rumanía (MNAR), con dos galerías: arte rumano desde los iconos medievales hasta el siglo XX (con el escultor Brâncuși) y pintura europea con El Greco, Rembrandt o Rubens. La entrada a una galería cuesta 32 lei, a todas 60 lei y a todo el edificio, con las salas históricas reales, 80 lei (unos 6,40, 12 y 16 €, tarifas del MNAR). El primer miércoles de cada mes la entrada es gratuita. Abre de miércoles a viernes de 10 a 18 h y los fines de semana de 11 a 19 h; lunes y martes, cerrado. En las fachadas de alrededor todavía se ven agujeros de bala de diciembre de 1989.

9. Ateneo Rumano

Esta sala de conciertos circular de 1888, con cúpula y columnas jónicas, es para nosotros el edificio más bonito de Bucarest. La diseñó el arquitecto francés Albert Galleron y se pagó con una colecta popular bajo el lema «Dad un leu para el Ateneo». Aquí tiene su sede la Filarmónica George Enescu. Dentro, un fresco de unos 70 metros rodea toda la sala y cuenta la historia de Rumanía desde la conquista romana de Dacia hasta la unificación de 1918.

El interior solo se ve en un concierto o en una visita guiada. En 2026 las visitas las vendía a través de Eventim una agencia privada por 170 lei (unos 34 €), y en la web oficial de la Filarmónica no pudimos comprobar el precio. Creemos que lo mejor es ir directamente a un concierto: ves la sala y el fresco y, de paso, entiendes por qué aquí se toca desde 1888. El programa y las entradas están en la web de la Filarmónica George Enescu.

Fachada neoclásica del Ateneo Rumano en Bucarest con columnata, frontón con la inscripción Ateneul Român y cúpula
El Ateneo Rumano, en la Calea Victoriei, sede de la Filarmónica George Enescu. Foto: Diego Delso, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

10. Parque Cișmigiu

Es el parque público más antiguo de Bucarest, de mediados del siglo XIX, a un paso de la plaza de la Universidad. Lo diseñó el paisajista alemán Carl Meyer sobre una antigua ciénaga y hoy tiene unas 16 hectáreas, un lago donde en verano se alquilan barcas y en invierno se patina, y la Rotonda de los Escritores, con bustos de autores rumanos. A diferencia del enorme Herăstrău, es un parque «para un rato», la pausa perfecta entre el casco antiguo y la Calea Victoriei.

11. Museo del Campesino Rumano

Si solo tienes tiempo para un museo, nosotros elegiríamos este. El Muzeul Național al Țăranului Român, en un edificio de ladrillo de la avenida Kiseleff, cerca de Piața Victoriei, trata de la Rumanía rural: trajes tradicionales, cerámica, iconos pintados sobre cristal, cruces y una casa de madera entera traída de un pueblo. La exposición está montada de forma poco habitual, más como una instalación que como vitrinas con cartelas.

Según la web del museo, la entrada cuesta 20 lei (unos 4 €), los jubilados pagan 10 y los estudiantes 5 lei. Abre de miércoles a domingo de 10 a 18 h y se entra en grupos a las 10:00, 11:30, 13:00, 14:30 y 16:00; lunes y martes, cerrado. Las entradas se pueden comprar online.

12. Arco del Triunfo

El Arcul de Triumf de Bucarest, en la avenida Kiseleff, mide 27 metros y tiene su aspecto actual de piedra desde 1936; antes hubo uno provisional de madera y yeso, levantado para el desfile de las tropas victoriosas tras la Primera Guerra Mundial. Conmemora el nacimiento de la Gran Rumanía en 1918. Se puede entrar y subir al mirador: según el gestor del monumento, abre todo el año salvo los lunes, en invierno (de noviembre a marzo) de martes a domingo de 9 a 17 h, y la entrada cuesta 15 lei (unos 3 €). Alrededor del arco hay una rotonda con coches, así que la mejor foto se saca desde la acera de la avenida Kiseleff.

De camino hacia el norte desde la plaza Victoriei, en la misma Kiseleff, está también el Museo de Historia Natural Grigore Antipa, uno de los mejores de la ciudad para ir con niños, con dioramas de animales y el esqueleto de un proboscídeo prehistórico, el Deinotherium. Entrada 32 lei (unos 6,40 €), estudiantes 8 lei; cierra los lunes.

13. Parque Rey Miguel I (Herăstrău)

El parque más grande de Bucarest rodea el lago Herăstrău, en el norte de la ciudad, y tiene más de cien hectáreas. En 2017 lo rebautizaron en honor del último rey de Rumanía, pero casi todos los bucarestinos lo siguen llamando Herăstrău. Es donde la gente viene a correr, a montar en bici, a alquilar una barca o a sentarse en alguno de los restaurantes junto al agua. Si quieres dar la vuelta entera al lago, cuenta con un par de horas. Las paradas de metro más cercanas son Aviatorilor y Piața Victoriei, y la entrada junto al Arco del Triunfo está a pocos minutos a pie.

14. Museo de la Aldea Dimitrie Gusti

A orillas del lago Herăstrău está uno de los museos al aire libre más antiguos de Europa. Lo fundó el sociólogo Dimitrie Gusti en 1936 y hoy reúne más de 300 construcciones de todos los rincones de Rumanía: iglesias de madera de Maramureș, molinos de viento, casas semienterradas de Oltenia, granjas de Transilvania y cabañas de juncos del delta del Danubio. Las casas se desmontaron y se volvieron a levantar aquí; puedes asomarte dentro y en algunas se vende artesanía. La entrada para adultos cuesta 40 lei (unos 8 €), para estudiantes 10 lei y los menores de seis años entran gratis. Lunes y martes pagas la mitad, porque la mayoría de las casas están cerradas. En invierno el recinto abre todos los días de 9 a 17 h (según el museo), con entrada por Kiseleff 28–30, cerca del Arco del Triunfo.

Para nosotros es el mejor plan para familias con niños y la forma más rápida de recorrer toda Rumanía en dos horas. Y si vas al país por sus montañas y sus pueblos, aquí te harás una idea de lo que te espera.

Pequeña iglesia de madera con tejado de tejuelas y torrecilla en el Museo de la Aldea de Bucarest, rodeada de árboles y rosales
Iglesia de madera de 1773 procedente de Timișeni, en el distrito de Gorj, hoy en el Museo de la Aldea Dimitrie Gusti. Foto: Britchi V.I.Iulia, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

15. Casa de Ceaușescu en Primăverii

Si el Palacio del Parlamento te enseña cómo quería Ceaușescu impresionar a la gente, su villa privada en el barrio de Primăverii te enseña cómo vivía. La Casa Ceaușescu (Palatul Primăverii) fue la residencia familiar del dictador y de su mujer, Elena, desde los años sesenta hasta diciembre de 1989. Verás las habitaciones de los hijos, el vestidor de Elena con sus abrigos de piel, el cine privado, baños con detalles dorados y la piscina interior con mosaicos. A diferencia del palacio, es una casa en la que se podía vivir, y justo por eso resulta más escalofriante.

La visita es solo guiada (en rumano o en inglés) y dura 45 minutos. Según la web oficial hace falta reserva o entrada online; la entrada estándar cuesta 85 lei (unos 17 €), con documental 115 lei, y los menores de siete años entran gratis. Los precios no coinciden en dos apartados de la web, así que confírmalos al reservar. Abre de martes a domingo de 10 a 17 h; los lunes, cerrado. Dentro no se pueden hacer fotos. La parada de metro más cercana es Aviatorilor.

16. Mercado de Obor

Si quieres ver cómo come Bucarest cuando no está en un restaurante para turistas, ve a la Piața Obor, el mayor mercado de la ciudad. Dentro de la nave de hormigón y a su alrededor se vende fruta, verdura, quesos, embutidos, encurtidos y especias, y fuera hay puestos de mici (mititei) a la parrilla, unos rollitos de carne picada con mostaza que se comen de pie. Turistas, pocos. El mercado está junto a la estación de metro del mismo nombre, en la línea M1, a unas pocas paradas del centro.

¿Bucarest es caro? Precios

Bucarest es una de las capitales más baratas de la Unión Europea, aunque los precios del centro han subido bastante en los últimos años. Aquí tienes una referencia de entradas y transporte para 2026 (cambio aproximado 1 leu ≈ 0,20 €):

ConceptoPrecioAprox. en €
Visita al Palacio del Parlamento (adulto)85 lei17 €
Casa de Ceaușescu (visita estándar)85 lei17 €
Museo de la Aldea Dimitrie Gusti40 lei8 €
Museo Nacional de Arte, una galería32 lei6,40 €
Museo del Campesino Rumano20 lei4 €
Arco del Triunfo, palacio de Mogoșoaia15 lei3 €
Metro, un viaje5 lei1 €
Autobús o tranvía, 90 minutos (también el autobús 100 al aeropuerto)3 lei0,60 €
Metro + transporte urbano 24 horas18 lei3,60 €
Therme, zona Galaxy 3 horas (lun.–jue.)71 lei14 €

Para la comida puedes guiarte por el comparador colaborativo Numbeo: una comida barata en un restaurante ronda los 13 €, una cena para dos en un restaurante de gama media unos 51 €, medio litro de cerveza en un bar unos 3,40 € y un capuchino unos 3 €. En el casco antiguo cuenta con un recargo; a un par de calles y en los locales con menú del día (meniul zilei) pagarás menos. Para un desayuno rápido están las panaderías con bollería rellena o los covrigi, unas rosquillas saladas tipo pretzel que se venden en cada esquina de Bucarest.

Qué ver en Bucarest y alrededores: excursiones

Monasterio de Snagov

A unos 30 o 40 kilómetros al norte de Bucarest, en una islita del lago Snagov, hay un pequeño monasterio donde, según la tradición, está enterrado Vlad III Țepeș. Delante del altar hay una losa de piedra con su retrato, aunque los historiadores no han podido confirmar que realmente descanse ahí. A la isla se llega por una pasarela peatonal que existe desde 2019, así que ya no hace falta buscar barca. No hemos podido comprobar en fuentes oficiales la entrada ni el horario, pero conviene llevar efectivo. Si la leyenda de Drácula te interesa, tienes más en nuestro artículo sobre el castillo de Drácula.

Palacio de Mogoșoaia

Este palacio de ladrillo, justo pasado el límite noroeste de la ciudad, lo mandó construir a caballo entre los siglos XVII y XVIII el príncipe valaco Constantin Brâncoveanu, el mismo que da nombre al estilo brâncovenesc del monasterio de Stavropoleos. Su logia de arcos se refleja en el lago y alrededor hay un gran parque donde los bucarestinos van de pícnic los fines de semana. La entrada al palacio cuesta 15 lei (unos 3 €), hacer fotos en el interior 20 lei y el aparcamiento 10 lei; abre de martes a domingo, de octubre a abril de 9 a 17 h y en verano de 10 a 18 h (Centro Brâncoveanu). Nosotros juntaríamos Mogoșoaia y Snagov en una media jornada en coche o en Bolt, porque quedan en la misma dirección.

Therme București

Este complejo termal y de bienestar en Balotești, pasado el aeropuerto, es uno de los más grandes de Europa: piscinas de agua termal, toboganes en la zona Galaxy, la zona tranquila Palm, con palmeras bajo una cúpula de cristal, y el mundo de saunas Elysium. Según las tarifas de Therme (2026), tres horas en la zona Galaxy cuestan 71 lei entre semana y 81 lei el fin de semana (unos 14 y 16 €), el día completo 141 y 151 lei, y la zona más cara, Elysium, de 132 a 217 lei. Abre todos los días; viernes y sábados, hasta medianoche. Desde Bucarest llega el autobús urbano 442, que sale de Piața Presei Libere y pasa por el aeropuerto. Para nosotros es el plan ideal para un día de lluvia o para la tarde antes de un vuelo nocturno.

Sinaia y el castillo de Peleș

La excursión más bonita a la montaña. Por el valle del Prahova salen desde Gara de Nord trenes hacia Brașov que paran en Sinaia; los más rápidos llegan en hora y media, más o menos. Sobre el pueblo se alza el castillo neorrenacentista de Peleș, residencia de verano de los reyes de Rumanía, con interiores de madera tallada, y desde Sinaia y la vecina Bușteni salen rutas por los montes Bucegi. Tienes más sobre las montañas del país en nuestro artículo montañas de Rumanía.

Brașov y Transilvania

El tren IC de Bucarest a Brașov tarda algo menos de dos horas y cuarto, y hay muchas salidas al día. Para un solo día, sin embargo, se queda corto: Brașov, Bran y Râșnov piden dos o tres días, y si tienes más tiempo, Transilvania da para una ruta entera por Sibiu, Sighișoara y las iglesias fortificadas sajonas.

El mar Negro

El tren más rápido de Bucarest a Constanța tarda poco más de dos horas, y en verano hay el doble de trenes. Para ir y volver en el día queda lejos, pero para dos o tres días de playa Bucarest es un buen punto de partida. Qué localidad elegir, de Mamaia a Vama Veche, te lo contamos en Rumanía en la costa.

Dónde alojarse en Bucarest

Dormir en Bucarest sale bastante más barato que en las capitales de Europa occidental, y por lo que cuesta un hotel normal en Barcelona aquí puedes alojarte en un edificio histórico del centro. Lo que más importa es el barrio:

  • Casco antiguo (Lipscani) y alrededores de Universitate: todo a pie, incluido el Palacio del Parlamento. Eso sí, por la noche hay ruido, sobre todo los fines de semana. Si quieres dormir aquí, pide una habitación interior o en una planta alta.
  • Calea Victoriei, Cișmigiu y Piața Amzei: para nosotros, el mejor término medio. A diez minutos a pie del casco antiguo, pero con noches más tranquilas y calles más bonitas.
  • Piața Romană y Piața Victoriei: zona de comercios y oficinas, bien conectada en metro y con el autobús 100 al aeropuerto, y cerca de Herăstrău y del Museo de la Aldea.
  • Alrededores de Gara de Nord: hoteles y albergues baratos junto a la estación, prácticos para una noche antes de un tren temprano. Para más noches, mejor el centro.

Hoteles que hemos revisado en Booking, de distintos precios:

  • Moxy Bucharest Old Town (casco antiguo): hotel de diseño moderno en la calle Doamnei, a 500 metros de Stavropoleos y a 350 metros del metro Universitate. Habitaciones más bien pequeñas y funcionales, bar con zona lounge y garaje. Para quien quiere dormir en pleno casco antiguo y no necesita interiores históricos.
  • Capitol Hotel (Calea Victoriei): hotel en un edificio de 1901 en plena Calea Victoriei 29, cerca del parque Cișmigiu y a 400 metros del metro Universitate. Habitaciones clásicas, restaurante propio y aparcamiento. Para nosotros, la mejor relación entre precio y ubicación.
  • Hotel Cismigiu (Cișmigiu): edificio modernista de 1912 en el bulevar Regina Elisabeta, junto al parque Cișmigiu y a 700 metros del casco antiguo, con aparcamiento subterráneo. En Bucarest lo agradecerás si llegas en coche.
  • The Marmorosch Bucharest (casco antiguo): hotel de lujo en el palacio del antiguo banco Marmorosch Blank, en la calle Doamnei, con piscina cubierta, sauna, spa, restaurante y bar. Si es para darse un capricho una vez en la vida, que sea aquí.

Tienes más opciones en toda la ciudad, también albergues y apartamentos, en alojamiento en Bucarest. En las ofertas baratas del casco antiguo lee las opiniones por el ruido, y en los edificios antiguos no te cortes en preguntar si la estructura se ha reforzado contra terremotos. Bucarest está en una zona sísmica y el ayuntamiento marca los edificios de mayor riesgo con un círculo rojo (bulină roșie) en la fachada.

Seguridad, dinero y consejos prácticos

  • Bucarest es una ciudad segura. Lo de siempre: cuidado en el metro lleno, en Gara de Nord y en el casco antiguo de noche.
  • Ojo con los datáfonos de bares y clubes. El Ministerio de Exteriores checo avisa de que en el centro histórico de Bucarest el personal de algunos restaurantes y, sobre todo, locales nocturnos intenta a veces teclear en el datáfono un importe muchas veces superior a la cuenta. El daño puede llegar a varios miles de euros. Antes de acercar la tarjeta, mira la pantalla y no sueltes el datáfono.
  • La moneda es el leu rumano (RON, en plural lei); 1 leu equivale aproximadamente a 0,20 €. Con tarjeta pagas casi en todas partes, también en el transporte público; el efectivo viene bien en el mercado y en sitios pequeños. Cambia dinero solo en bancos y casas de cambio oficiales, nunca en la calle.
  • Taxi, solo por aplicación (Bolt, Uber) o pedido de antemano. Los coches sin distintivo y los taxistas que te abordan en el aeropuerto o en la estación suelen ser lo más caro del viaje.
  • El agua del grifo es potable y se controla con regularidad, según la empresa municipal de aguas Apa Nova. En los edificios antiguos, déjala correr un poco.
  • Los perros callejeros, por los que Bucarest era famosa: según el ministerio checo, la situación ha mejorado mucho; la precaución vale sobre todo fuera de la ciudad y en las áreas de descanso.

Cuándo ir a Bucarest

Bucarest está en una llanura lejos del mar y tiene clima continental: veranos calurosos e inviernos fríos. Para nosotros la mejor época es de abril a junio y en septiembre y octubre, con temperaturas de entre 15 y 25 °C, parques verdes o con colores de otoño y días buenos para caminar sin parar. En julio y agosto la media diaria ronda los 22 °C, pero por la tarde se superan con facilidad los 30 °C y no son raros los picos de 38 °C, nada que no conozca quien vive en Madrid o Sevilla. El hormigón de los grandes bulevares guarda el calor hasta bien entrada la noche. El invierno ronda los cero grados, a menudo con viento y nieve, pero a cambio hay mercados navideños y los precios de alojamiento más bajos.

Para la ciudad en sí bastan dos o tres días. Si quieres añadir una excursión a la montaña o al mar, cuenta con cuatro o cinco.

Un poco de historia

Según la leyenda, Bucarest la fundó un pastor llamado Bucur, y en rumano el nombre de la ciudad se asocia con la palabra bucurie, alegría. La historia documentada es más sobria. Bucarest aparece por primera vez en un documento del 20 de septiembre de 1459 que firmó aquí el príncipe valaco Vlad III, apodado Țepeș, el Empalador. Sí, el mismo cuyo sobrenombre, Drácula, tomó prestado cuatro siglos después el escritor irlandés Bram Stoker para su vampiro. La fortaleza principesca a orillas del Dâmbovița se convirtió en la Antigua Corte Principesca (Curtea Veche) y en 1659 Bucarest sustituyó definitivamente a Târgoviște como sede de los príncipes de Valaquia.

Los dos siglos siguientes no fueron tranquilos. Valaquia pagaba tributo al Imperio otomano, el sultán nombraba a los príncipes, la ciudad fue ocupada varias veces por los Habsburgo y por los rusos y en 1847 un incendio destruyó buena parte de ella. El giro llegó en 1859, cuando Valaquia y Moldavia eligieron un príncipe común, Alexandru Ioan Cuza, y en 1862 Bucarest se convirtió en la capital de la Rumanía unificada, reino a partir de 1881.

Después vino la época que los bucarestinos más adoran. La élite rumana estudiaba en París, la ciudad contrataba a arquitectos franceses y construía bulevares, el Ateneo, el Palacio CEC y, más tarde, el Arco del Triunfo. De ahí el apodo de pequeño París. Tras la Segunda Guerra Mundial llegó el comunismo y, en 1965, Nicolae Ceaușescu. El terremoto del 4 de marzo de 1977 le dio la excusa para una remodelación cuya inspiración, dicen, encontró en una visita a Corea del Norte en 1971: derribar los barrios antiguos de la colina Dealul Spirii (entonces Uranus) y levantar en su lugar el Centro Cívico con la Casa del Pueblo, el actual Palacio del Parlamento. Cayeron iglesias, monasterios, hospitales y miles de casas.

El régimen terminó en diciembre de 1989. La revolución empezó en Timișoara y el 21 de diciembre llegó a Bucarest, donde el discurso del dictador desde el balcón de la actual plaza de la Revolución acabó entre abucheos. Al día siguiente Ceaușescu huyó en helicóptero desde la azotea del edificio y en Navidad fue ejecutado junto a su mujer tras un juicio sumarísimo. Durante la revolución murieron más de mil personas en todo el país. Desde entonces la ciudad se ha ido recomponiendo poco a poco: Rumanía está en la OTAN desde 2004 y en la Unión Europea desde 2007, y el casco antiguo que Ceaușescu no llegó a derribar ha pasado de las casas desconchadas a ser una gran zona peatonal.

Lo que haríamos de otra manera

No iríamos a por la lista. Los dieciséis imprescindibles de arriba son un menú, no una obligación. Bucarest es extensa, por los anchos bulevares las distancias entre monumentos son más largas de lo que parecen en el mapa y en verano hace calor. Nosotros elegiríamos el palacio, un rincón del casco antiguo y un parque, y dejaríamos el resto del día al azar.

Nos meteríamos más por las calles laterales. Lo mejor de Bucarest no son los grandes monumentos, sino las villas antiguas con jardín en torno a las calles Mântuleasa y Popa Nan o en el barrio de Cotroceni, las iglesitas escondidas en patios entre bloques de pisos y cafés que no salen en ninguna guía. Perderse, sin más.

Comeríamos lo que no conocemos. Ciorbă de burtă, una sopa de callos con nata y vinagre que los rumanos toman también para la resaca. Zacuscă, de pimiento asado y berenjena. Papanași, unos buñuelos fritos de requesón con nata agria y mermelada que no caben en ninguna dieta. Y para acompañar, una copa de vino local de Dealu Mare, una zona vinícola a unos cien kilómetros de la ciudad. Creemos que donde mejor se come es donde la carta está solo en rumano y el camarero te la traduce con paciencia y a base de gestos.

Y pasaríamos más rato simplemente sentados. En un banco junto al lago de Cișmigiu, en el césped junto al lago Herăstrău o en el patio de Stavropoleos, donde a cinco minutos de los bares más ruidosos de la ciudad de repente hay silencio. Sin el móvil en la mano.

Preguntas frecuentes sobre qué ver en Bucarest

¿Qué ver en Bucarest en un día?
Por la mañana, la visita al Palacio del Parlamento (reservada con antelación); después, a pie por el Bulevardul Unirii hasta el casco antiguo de Lipscani, con el monasterio de Stavropoleos, la Antigua Corte Principesca y la librería Cărturești Carusel. Por la tarde, la Calea Victoriei pasando por la plaza de la Revolución hasta el Ateneo, y por la noche, vuelta al casco antiguo para cenar. Para el Museo de la Aldea y Herăstrău ya necesitas un segundo día.

¿Hay que reservar la visita al Palacio del Parlamento?
Sí. El centro de visitantes del Parlamento acepta reservas para grupos de 1 a 9 personas por teléfono con al menos 24 horas de antelación (+40 733 558 102 o 103, de 9 a 16 h) y para grupos más grandes por correo electrónico con al menos tres días de antelación. La entrada para adultos cuesta 85 lei (unos 17 €) y se paga allí. Necesitas el pasaporte o el DNI original y conviene llegar 15 minutos antes por el control de seguridad.

¿Cómo ir del aeropuerto de Otopeni al centro de Bucarest?
Lo más barato es el autobús 100, que funciona las 24 horas, cuesta 3 lei (unos 0,60 €) y va por Piața Victoriei y Universitate hasta Piața Unirii en unos 45 minutos; el billete se paga con tarjeta en el propio autobús. Más rápido es el tren hasta la estación de Gara de Nord (unos 20 minutos, billete de 6,50 a 11 lei según la compañía) y desde allí el metro. Un Bolt o un Uber sale por 60 a 100 lei (12 a 20 €).

¿Es seguro viajar a Bucarest?
Sí. La delincuencia violenta es baja. Ten cuidado con los carteristas en el metro lleno y en Gara de Nord, con los taxis sin distintivo y, sobre todo, con los datáfonos de los locales nocturnos del casco antiguo, donde según el Ministerio de Exteriores checo a veces se teclea un importe muchas veces superior a la cuenta.

¿Cuánto cuesta el metro de Bucarest?
Un viaje en metro cuesta 5 lei (aproximadamente 1 €), el billete de un día 12 lei y el de 72 horas 35 lei. En el torniquete basta con acercar la tarjeta o el móvil. Tranvías y autobuses tienen sus propios billetes (3 lei por 90 minutos) y para los dos sistemas existe un billete combinado de 24 horas por 18 lei.

¿Cuántos días hacen falta para ver Bucarest?
Para la ciudad, dos o tres días: el primero para el Palacio del Parlamento, el casco antiguo y la Calea Victoriei; el segundo para el Museo de la Aldea, Herăstrău, el Arco del Triunfo y la Casa de Ceaușescu. El tercero viene bien para una excursión a Snagov y Mogoșoaia, a las termas de Therme o en tren a Sinaia para ver el castillo de Peleș.

¿Qué tiempo hace en Bucarest y cuándo ir?
Clima continental: en julio y agosto se superan a menudo los 30 °C y en invierno ronda los cero grados, muchas veces con viento y nieve. Lo más agradable es la primavera, de abril a junio, y septiembre y octubre, con entre 15 y 25 °C.

¿Qué moneda se usa en Bucarest?
El leu rumano (RON, en plural lei); 1 leu equivale aproximadamente a 0,20 €. El euro no es moneda oficial. Con tarjeta pagas casi en todas partes, también en el metro y los autobuses; el efectivo viene bien en el mercado y en sitios pequeños.

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